Las infecciones como la conjuntivitis o los hongos pueden aparecer durante todo el año, aunque es en la época veraniega cuando presentan una mayor incidencia.

En el caso de la conjuntivitis en verano, las altas temperaturas, el cloro o la asistencia a sitios públicos con gran afluencia, como son las piscinas o las playas, pueden favorecer su aparición. En invierno, predominan las conjuntivitis víricas, vinculadas a gripes, y también bacterianas, relacionadas con resfriados.

En general, esta dolencia cursa de forma leve, pero puede resultar molesta e interrumpir actividades que teníamos previstas.

¿Cómo empieza una conjuntivitis?

La conjuntiva es una membrana casi transparente que cubre la parte blanca del ojo, la esclera y la cara interior de los párpados. “La función es proteger de agentes externos al globo ocular, aunque interviene también en la formación de componentes de la lágrima y en la defensa inmunológica del ojo”, explican los especialistas del Departamento de Oftalmología de Clínica Universidad de Navarra.

La conjuntivitis es una infección de dicha membrana y el enrojecimiento del ojo, la sensación arenosa, el picor de ojos, el aumento de secreciones y una visión borrosa son los signos más característicos de esta dolencia. Si aparece un dolor intenso o se percibe una menor agudeza visual, se ha de acudir al Oftalmólogo para descartar otras patologías oculares.

Las más habituales tienen origen vírico, normalmente de un solo ojo, aunque suele hacerse bilateral, y tienen una duración de entre 3 y 7 días. Si su origen en bacteriano, requiere de un tratamiento específico.

Tipos de conjuntivitis

Existen tres tipos de conjuntivitis: alérgica, bacteriana y vírica.

  • La conjuntivitis alérgica se produce en personas con alergias (rinitis, asma, dermatitis…) y se asocian a alérgenos volátiles (polen, ácaros de polvo…). Sus síntomas comienzan con un picor intenso. Colirios de antihistamínicos y/o corticoides son parte de su tratamiento.
  • La conjuntivitis bacteriana tiene como origen una bacteria. Antibióticos en colirio, recetados por el especialista, suele ser el tratamiento más efectivo. Si es difícil su resolución, o es recurrente, debe acudir al especialista para valorar un posible trastorno de la vía lagrimal o de una patología infecciosa de los párpados.
  • En el caso de la conjuntivitis vírica, al tratarse de un virus, el tratamiento es sintomático. Según la agresividad del virus, puede durar entre una semana y un mes.

Conjuntivitis y verano

En la época estival, los ojos pueden ser foco de alteraciones.

“Hay gérmenes especialmente resistentes a los agentes químicos como el cloro que pueden encontrarse en el agua de las piscinas y que son capaces de producir la infección tras el baño”, indica el Dr. Ángel Salinas, oftalmólogo de Clínica.

De esta forma, el cloro puede originar una conjuntivitis irritativa o química. Por otro lado, la exposición al sol también puede irritar el ojo y producir esta dolencia, e incluso el aire acondicionado, “que puede provocar en nuestros ojos la aparición o el incremento de los síntomas de sequedad de la superficie ocular, también conocidos como ‘ojo seco’, añade. En estos casos, se recomienda utilizar colirios lubricantes o lágrimas artificiales.