“No puedo comer huevos porque tengo colesterol” o frases similares son habituales en una conversación sobre salud y colesterol.

En realidad, sin colesterol no podríamos vivir. Es una sustancia presente en la membrana de todas las células del cuerpo humano y necesaria para su correcto funcionamiento, ya que contribuye a la producción de hormonas, de vitamina D y sustancias que ayudan a la digestión.

Se diferencian dos tipos: el HDL o “colesterol bueno”, que lleva el exceso de colesterol de los tejidos hasta el hígado, y el LDL o el “colesterol malo”, que lo transporta al interior de las arterias. Los niveles elevados de colesterol total, más de 200 mg/dL, favorecen el depósito del colesterol en las paredes arteriales y originan la aterosclerosis.

El problema es que el colesterol se va acumulando, dando lugar a la arteriosclerosis y de ahí que la colesterolemia (el nivel total de colesterol en sangre), un parámetro importante para evaluar el riesgo cardiovascular de una persona: niveles anormales se asocian con una mayor probabilidad de padecer infarto de miocardio, angina de pecho o ictus. “La arteriosclerosis es una enfermedad que obstruye lenta y progresivamente las arterias sin producir inicialmente síntomas, hasta que aparecen las complicaciones después de varios años”, explica el Dr. Juan Pastrana, especialista de Medicina Interna y director del Área de Medicina Vascular de CUN Madrid.  

Consejos para reducir o mantener el colesterol

El hígado es el mayor productor de colesterol, aunque nuestro organismo lo obtiene también por la alimentación, siendo una de las variables que pueden controlarse. Además de este, los especialistas de Clínica Universidad de Navarra destacan el ejercicio físico y mantener un peso adecuado como dos elementos que contribuyen también a reducir o mantener el colesterol a raya.

Alimentación

Para conseguir el objetivo, es importante conocer las características de los alimentos que tomamos y cómo influyen en nuestro organismo.

“Por ejemplo, dietas ricas en ácido oleico pueden ayudar a reducir el “colesterol malo” y aumentar los niveles de “colesterol bueno”. En cambio, dietas o alimentos con grasas saturadas provocarán el efecto contrario, incrementando el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Las grasas saturadas son la materia prima para que el hígado forme el colesterol, explican desde CUN.

También el consumo de verduras y ciertas dietas vegetarianas (con extracto de arroz rojo) pueden reducir ligeramente los niveles de colesterol, aunque algunos fármacos, como las estatinas, son los más eficaces a la hora de disminuir dichos niveles. 

  • SÍ. Dieta mediterránea con abundante fruta, vegetales, pescado, aceite de oliva y frutos secos.
  • NO. Las carnes rojas, la bollería industrial, los derivados lácteos y los embutidos deben estar descartados.

 Ejercicio físico

  • El deporte, durante una hora al día, ayuda a reducir los niveles de colesterol en sangre.

 Peso adecuado

Es importante comer una cantidad limitada, no saciarse, ya que el aumento de peso influye directamente en el aumento de colesterol. Por el contrario, reducir el peso y mantenerlo en niveles adecuados contribuirá a que el colesterol esté en sus niveles óptimos.

Mantener los niveles de colesterol óptimos son muy importantes para nuestra salud, especialmente en aquellas personas con enfermedades cardiovasculares. Un estudio de CUN, recogido en nuestro blog, señalaba que mantener los niveles de colesterol bueno o HDL en niveles adecuados reduce en más del 50 % la posibilidad de accidentes cardiovasculares. Conoce más sobre las conclusiones aquí.