La exposición solar, el calor, la sal del mar y el cloro de la piscina se convierten en verano en los enemigos invisibles de la piel, especialmente para quienes que padecen dermatitis u otras enfermedades dermatológicas.
¿Qué es la dermatitis?
La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que produce eccemas, picor, descamación, inflamación, e incluso ampollas o costras. No es contagiosa, pero sí puede ser molesta y afectar a la calidad de vida de los pacientes.
“Sus causas pueden dividirse en dos grandes grupos: endógenas y exógenas. La causa endógena se refiere a la predisposición personal del paciente, como sucede en la dermatitis atópica o la psoriasis, mientras que la exógena tiene que ver con la exposición a sustancias irritantes o alérgenos que desencadenan la inflamación”, explica el Dr. Javier Antoñanzas, especialista del Departamento de Dermatología de Clínica Universidad de Navarra (CUN).
¿Por qué el verano afecta tanto a la dermatitis?
Esta época estival invita a que nos expongamos al sol, nos bañemos en piscinas o el mar, y estemos expuestos a altas temperaturas… el calor, la sal del mar, el cloro de las piscinas o la arena de la playa afectan a nuestra piel y actúan como desencadenantes y dar lugar a brotes.
¿Cómo podemos prevenir las lesiones? Medidas de cuidado personal
El Dr. Antoñanzas enumera estos valiosos consejos para aplicar, especialmente, en el caso de los bebés:
- Baños cortos.
- Limpiar la piel con agua templada.
- Hidratar la piel de forma regular.
- Evitar el contacto con sustancias irritantes como detergentes, suavizantes o perfumes.
¿Qué hacer en caso de brote?
En caso de brote, lo más importante es evitar el factor desencadenante y mantener un tratamiento adecuado. De esta forma, “lo habitual es que las lesiones desaparezcan en menos de una semana si se aplica una terapia efectiva”.





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