Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) más frecuentes son la anorexia y la bulimia, convirtiéndose además en las enfermedades crónicas más frecuentes entre adolescentes, especialmente en mujeres, según la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), situándose por detrás del asma y la obesidad. Los expertos de Clínica Universidad de Navarra (CUN) alertan además de que su incidencia va en aumento.
En España, alrededor de 400.000 personas sufren algún trastorno de la conducta alimentaria. Es un dato de la Fundación Fita (Fundación Instituto Trastornos Alimentarios) y la Asociación Española para el Estudio de los Trastornos de Conducta Alimentaria (AEETCA), entidades que señalan además que se espera que esta cifra aumente un 12 % en los próximos 12 años.
“La influencia de la moda, la delgadez como sinónimo de belleza, éxito y autocontrol; una cultura cada vez más competitiva y ambiciosa, o la importancia de los valores estéticos de la sociedad de hoy en día han sido algunas de las hipótesis que se plantean como causa de este incremento”, señalan desde la Unidad de Diagnóstico y Terapia Familiar, del Departamento de Psiquiatría y Psicología Médica de Clínica Universidad de Navarra.
Los expertos denuncian además que las redes sociales inciden en el aumento de los casos de éstos y otros trastornos alimentarios. Asimismo, la pandemia de COVID también ha tenido un impacto directo en el aumento de estos trastornos.
Ante la anorexia y la bulimia, ¿cómo puede actuar la familia?
La anorexia se caracteriza por una restricción del la ingesta alimentaria, lo que conlleva una considerable pérdida de peso. Por su parte, la bulimia se caracteriza por la ingesta excesiva de alimentos, en un periodo corto de tiempo, para después provocar el vómito y expulsarlos.
En ambos casos, estas patologías generan complicaciones médicas, psicológicas y riesgos físicos por desnutrición severa. Asimismo, impacta en la salud física, psicológica y social.
Por ello, desde Clínica Universidad de Navarra advierten de la importancia de la familia en la detección de estas posibles situaciones y apoyo en el proceso de curación, y realizan las siguientes recomendaciones:
1. Atención y alerta de posibles signos
En primer lugar, hay que tener presente que estos problemas existen y afectan a todo tipo de familias.
“Es importante ser consciente de ello para no negar esta posibilidad ante la presencia de los primeros indicios: restricciones espontáneas de ciertos alimentos, aumento del ejercicio físico, intentar comer solo o estar más triste o más irritable, pueden ser los primeros síntomas que hagan saltar la alarma”, explican.
Tener presente esta posible situación, permitirá detectar y tratar el problema tan pronto como surja, “lo que aumentará seguramente las posibilidades de éxito del tratamiento”.
2. ¿Qué hacer una vez detectada la situación?
“Lo primero, y quizás lo más difícil, es no alarmarse y pedir ayuda profesional. Entender que nuestro rol como familia es clave, pero que en estos casos es necesaria la ayuda externa. En ocasiones, la vergüenza o la culpa obstaculizan esa petición de ayuda, por eso es muy importante no tratar de buscar explicaciones ni responsables del problema”, indican desde el centro.
En un caso de anorexia o bulimia, no hay una causa única, ni mucho menos un culpable: “Probablemente, sea resultado de una serie de circunstancias que nunca llegaremos a ser capaces de conocer, por eso es mucho más positivo mirar hacia adelante, hacia lo que
tenemos que hacer a partir de ahora”, subrayan.
Tanto las familias como los profesionales que atiendan al paciente, han de orientar y ayudar, y acompañar al paciente en su proceso de cambio.
“Las propias características de estos trastornos hacen que aquellos que los padecen no sean conscientes de la gravedad de la situación, ni de la necesidad de tratamiento. Por este motivo es muy importante que en dicha situación, como en tantas otras, las familias sean la guía que les marque el camino a seguir”.
3. Ser conscientes de la complejidad del proceso
Este camino puede ser largo y, en ocasiones, la evolución es fluctuante.
“Puede haber momentos de aparente remisión de síntomas, en los que todo parece ir bien, y hacen que nos confiemos, pero después vuelven a aparecer la preocupación, el malhumor, la pérdida de peso… Y esto, inevitablemente, repercute en las relaciones familiares. Por eso, lo más importante durante el tratamiento es mantener una actitud de cercanía y afecto, pero con cierta distancia, estar ahí pero sin sobreimplicarse”.
Es importante mantener la paciencia, sin querer cambiar las cosas rápidamente, y confiar en el papel, implicación y dedicación de los especialistas.
La figura del pediatra, clave en este tipo de trastornos
Un estudio multicéntrico español, llevado a cabo por psiquiatras y pediatras y en el que ha participado Clínica Universidad de Navarra, constata que se ha de mejorar la prevención y el trabajo multidisciplinar.
El aumento de los casos en la edad pediátrica, además de un inicio más prematuro y mayor frecuencia, precisa de un abordaje integral y la la actuación del médico infantil es clave para abordarlo: “El papel del pediatra es decisivo, tanto para la detección y estabilización inicial, como en la prevención y en el acompañamiento continuo”.
El estudio se ha dado a conocer en la revista Anales de Pediatría.
¿Se puede prevenir la anorexia, bulimia y otros trastornos de la conducta
alimentaria?
Los especialistas de Clínica proponen algunas medidas de prevención que pueden ayudar a evitar estos trastornos. Entre ellos, destacan el fomento de rutinas de vida saludables, como la adecuada alimentación, actividad física moderada, reforzar la autoestima y autonomía en el desarrollo personal o enseñar a afrontar los conflictos: “Evitar dietas restrictivas, ayunos o pérdida de peso sin control médico y fomentar, por el contrario, hábitos saludables, comidas en familia y una relación positiva con la imagen corporal. Además, es necesario mantener un alto índice de sospecha ante síntomas somáticos como el dolor abdominal, los mareos, la amenorrea (ausencia de menstruación en una mujer en edad fértil) o cualquier conducta alimentaria inusual”, ratifican desde CUN haciéndose eco del estudio publicado.



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