Jornada lectiva, más deporte, más idiomas, más música, más otras extraescolares… Actualmente los niños viven sobreestimulados, con agendas sobrecargadas y sin tiempo libre para jugar… e incluso aburrirse. Este exceso de actividad y tareas puede generar frustración y malestar en los más pequeños: pueden sentir que no cumplen las expectativas, en muchas ocasiones marcadas por los propios adultos. 

Así lo ratifican los pediatras de Clínica Universidad de Navarra (CUN) quienes recomiendan “evitar que las jornadas infantiles se prolonguen con un exceso de actividades extraescolares” y animan a que reserven tiempo “para jugar, aburrirse y estar en familia”.  

Sí al juego y a las actividades, pero más enfocadas 

Es importante para los niños conjugar actividades rutinarias, pero también otras más flexibles que les dejen espacio para desarrollar su propio ritmo.  

El juego no es solo entretenimiento, es su lenguaje y estado natural de explorar y conocer el mundo, interactuar con otros… 

“Los niños deben tener tiempo para jugar, sobre todo los más pequeños, y también para aburrirse. Lo ideal es que las actividades extraescolares sean voluntarias y no utilizadas simplemente para rellenar un horario. Merece la pena que respondan al interés de cada niño, y que favorezcan que disfruten y compartan aficiones con otros”, explica el Dr. José Manuel Moreno, codirector del Departamento de Pediatría de CUN.  

Sí a “no hacer nada” 

Aburrirse no es una “pérdida de tiempo”, sino todo lo contrario: es la “chispa” que fomenta la creatividad, la imaginación e incluso la autonomía para gestionar su propio tiempo y tomar decisiones. Es el motor para que el niño sea capaz de inventar, crear y explorar. 

“Los niños necesitan aburrirse, porque es entonces cuando surge la iniciativa y la imaginación de convertir un juguete en otro o inventarse un mundo propio. Es ahí donde se desarrolla la capacidad de imaginar y crear, especialmente en un momento en el que tienen a su alcance, a través de los dispositivos electrónicos, estímulos y respuestas de manera inmediata”, destaca la Dra. Belén Borrell, especialista de CUN. 

Sí a la vida familiar 

La familia es el refugio de la seguridad afectiva: es donde se fortalece el apego seguro y se reduce la ansiedad infantil.  

Uno de los momentos de mayor implicación familiar es la vuelta al cole, especialmente tras el verano: supone recuperar horarios, obligaciones y rutinas, pero también es el momento de revisar cómo se organiza el día a día de los niños: es importante planificar con tiempo el regreso al aula, adaptándolo a las exigencias de cada etapa escolar y a las necesidades e inquietudes de cada niño, sin añadir una presión innecesaria.