A sus 92 años, Harriette Thompson se convirtió en la mujer de mayor edad en acabar un maratón, todo tras superar un cáncer y perder a su marido

Harriette Thompson había sobrevivido a un cáncer, y hacía menos de un año había perdido a su marido -quien tuvo a su lado durante 67 años-. Abuela de diez nietos y pianista clásica que había tocado tres veces en el Carnegie Hall, todo reto parece pequeño para ella. Incluso una maratón a la edad de 92 años.

Lo hizo en junio de 2015, en el Rock N’ Roll Marathon de San Diego. A sus 92 años y  65 días, con una marca de 7 horas 24 minutos y 36 segundos, se convirtió en la mujer de mayor edad en completar este tipo de carreras. Arrebató el honor a Gladys Burrill, que con 92 años y 19 días completó el maratón de Honolulú en 2010.

Para mayor dificultad, Harriette no había podido entrenar de forma adecuada ya que su marido estaba enfermo de cáncer -y acabó muriendo el enero anterior-. Pese a todo, estuvo a punto de igualar su marca del año anterior, 7 horas 7 minutos y 42 segundos, acompañada por su hijo, Brenny. Ese tiempo es, además, el récord femenino de mayores de 90 años, destrozando el anterior por más de hora y media.

Harriette Thompson empezó a correr a los 70

Al contrario de lo que se pueda pensar, Harriette no lleva una larga trayectoria corriendo maratones ni tiene el cuerpo preparado desde joven. De hecho, no había empezado a correr hasta que tenía setenta años, cuando en su parroquia le propusieron participar en una carrera para recaudar fondos para la investigación contra el cáncer y la leucemia.

«Había perdido a varias personas de mi familia por culpa del cáncer y pensé qué debería hacerlo», explicaba a The Guardian. «Cuando salí, tenía pensado simplemente caminar. Pero como todo el mundo corría, decidí empezar a correr con ellos». En total, ha ayudado a recaudar cerca de 100.000 dólares, corriendo la carrera 16 veces, perdiéndose únicamente la edición de 2013 mientras ella misma luchaba contra el cáncer.

Pianista como es, Harriette recurría a la música para aguantar el tiempo de la carrera, recordando las piezas que solía interpretar para aligerar el esfuerzo. «Si no corriera no creo que estuviera viva», confiesa. «Yo les ayudo y ellos me ayudan».