Un 14 % de la población sufre migraña, con síntomas incapacitantes como crisis con fuertes dolores de cabeza, vómitos y malestar ante la luz y el ruido. El 2 % de los afectados sufren esta patología de forma crónica.

Pese a ser un trastorno frecuente, que impide en muchas ocasiones realizar una vida normal, y provoca un enorme impacto en quienes la padecen, la migraña puede tratarse pero no tiene cura.

¿Cómo aparece la migraña?

Las migrañas producen una dilatación e inflamación de las arterias del cerebro.

El dolor, que llega en modo de crisis, surge de forma inesperada y puede durar entre 4 horas y 3 días, suele localizarse a un lado de la cabeza, como un latido interno. Este malestar puede conllevar la incapacidad absoluta para hacer cualquier actividad, tanto física como mental.

No tiene una causa concreta, pero sí tiene un alto componente genético. En torno al 70 % de los pacientes presentan antecedentes familiares.

También existen factores que favorecen las crisis repetidas a lo largo del tiempo:

  • El consumo excesivo de analgésicos.
  • La presencia de factores de riesgo cardiovascular, como la hipertensión.
  • La obesidad.
  • El consumo excesivo de cafeína.

Y otros factores desencadenantes que favorecen su cronicidad, entre ellos la obesidad que es “potencialmente reversible mediante dieta, ejercicio y cirugía en algunos pacientes”, señalan especialistas de la Clínica Universidad de Navarra que actualmente estudian la relación entre obesidad y migraña crónica, para conocer las causas de la enfermedad y facilitar el desarrollo de tratamientos más específicos.

¿Cómo tratar la migraña?

Tratamiento farmacológico

Al dilatarse e inflamarse las arterias del cerebro, los tratamientos farmacológicos van dirigidos a reducir este calibre de estos vasos. Son principalmente medicamentos sintomáticos o triptanes para aliviar las crisis de dolor.

También, utilizan tratamientos preventivos para reducir la frecuencia e intensidad de las crisis. Uno de ellos es el uso de botox, que se prescribe cuando la migraña es crónica. Unas infiltraciones de toxina botulínica a nivel facial y de cuello, cada tres meses, pueden reducir la frecuencia e intensidad de la cefalea crónica.

Alimentación y hábitos de vida

La alimentación es un aspecto que se ha relacionado con esta dolencia durante años. Los especialistas de Clínica apuntan que la presencia de desencadenantes alimentarios no es una norma ya que un alimento concreto puede ocasionar, o no, ese dolor de cabeza. “No se trata de hacer una dieta restrictiva, sino que el paciente evalúe con qué alimentos relaciona la aparición del malestar”.

El reposo y aislarse de la luz y el ruido colaboran en paliar el dolor en la mayoría de pacientes. Al igual que la aplicación de frío.

También, desde Clínica Universidad de Navarra recomiendan cuidar los hábitos de vida, controlar el peso, revisar la presión arterial, y “anular las circunstancias desencadenantes, como cambios en los horarios de vida, la falta de sueño, cambios en los horarios de comidas, ayuno prolongado, factores alimentarios o menstruación, en el caso de las mujeres. Aunque la causa más frecuente de todas es el estrés”.

Nuevos tratamientos

En los últimos años están surgiendo nuevas estrategias de tratamiento como los denominados anticuerpos monoclonales. “En la migraña se libera una proteína en la sangre que tiene efecto vasodilatador y que facilita que se produzcan esos dolores de cabeza. Estos anticuerpos bloquean la acción de esta proteína para que el dolor no aparezca. Lo que se ha visto hasta la fecha en ensayos clínicos realizados, es que es un tratamiento seguro y eficaz y es probable que en los próximos años se comercialice”, detallan.