Cuando Beatriz Pando se quedó embarazada, llevaba dos años intentándolo. La alegría se convirtió en pena. A los cinco meses de gestación, una ecografía de mama y una punción revelaron que padecía un cáncer de mama.

Desde el primer minuto, esta gijonesa tomó la decisión de luchar, de luchar contra su enfermedad y tener a su hijo. Fue cuando conoció la Clínica Universidad de Navarra. “Nos enteramos de que la Clínica era un punto de referencia a nivel europeo en estos casos”. En 24 horas tenía confirmado el diagnóstico y casi todas las pruebas realizadas. “Y fue donde me dieron la opción de luchar por ambas cosas, por mi hijo y por mí, aunque fuera difícil”.

Clínica Universidad de Navarra es referente en el tratamiento del cáncer de mama. Además de las terapias habituales, como quimioterapia o radioterapia, ofrece a los pacientes otras opciones de abordaje, como inmunoterapia o braquiterapia, inclusive durante el embarazo, como en el caso de Beatriz. “Sufría porque el niño se movía mucho, y yo notaba que sus movimientos eran de sufrimiento. Él estaba pasando la quimioterapia conmigo y el pobre no tenía culpa ninguna. Sabía por los especialistas de Clínica que la placenta le protegía, pero pensaba: “¿Y si alguna célula cancerígena se cuela?”. Tenía muchas ganas de que naciera porque no quería que sufriera por la quimioterapia”.

Dos meses después, con siete, el pequeño tuvo prisa por nacer y Beatriz dio a luz a Jaime. “Los detalles escabrosos se van olvidando. Lo que te queda es una alegría de haber acertado, de que hay algo que te guió a hacer lo correcto y de que el niño está vivo, que era para mí lo principal. Además de buenos profesionales, en Clínica encontré tanto cariño y respeto. Eso es la clínica para mí, la vida”.

Ahora, con su hijo y superado el cáncer de mama sólo tiene ganas de seguir viviendo y aprovechar la vida.