Historias

José María y Ainhoa: transplante hepático de una hija a su padre

transplante hepatico
La Clínica Universidad de Navarra hizo posible que el transplante fuera de una persona viva porque el órgano tardaba en llegar y la enfermedad empeoraba.

José María tuvo cáncer de hígado y pudo sobrevivir gracias al transplante hepático de su hija, Ainhoa, en la Clínica Universidad de Navarra.

Según el SEER (National Cancer Institute’s Surveillance, Epidemiology, and End Results), la tasa de supervivencia de las personas con cáncer de hígado oscila entre el 3% y el 30%, dependiendo de la etapa en la que se encuentre la enfermedad. En cambio, para las personas que están en etapa inicial y se someten a un trasplante de hígado, la tasa de supervivencia se encuentra entre 60% y 70%. Por eso es tan importante realizarse pruebas de vez en cuando y confiar en los mejores especialistas. Esa es la suerte que tuvo José María.

El transplante hepático

“Me levanté un día de la cama y noté un pequeño mareo, fui y me hice una analítica” explica. Al darles los resultados les avisaron de que eran peores de lo que podrían pronosticar. Efectivamente tenía cáncer de hígado.

Su hija Ainhoa reconoce que la palabra “cáncer” la asustó. Enseguida llevaron a José María a Pamplona para examinarlo, y le dijeron que harían un transplante hepático de una persona no viva.

El órgano no llegaba, y él se iba deteriorando, por eso los médicos de la Clínica propusieron hacer un transplante hepático de alguien de la familia. En las pruebas vieron que ni la mujer de José María ni su hijo eran compatibles, pero su hija Ainhoa sí.

Aunque algunos le decían que se lo pensara porque era una operación complicada, ella nunca tuvo ninguna duda. “Si no lo hubiera hecho mi vida hubiera cambiado a peor. Ahora vivo mi vida como tenía que ser. Tenía unas perspectivas, como casarme y tener hijos, y quería que eso lo viera mi padre”, explica.

La vida después del transplante

José María explica que a raíz de su enfermedad su vida ha cambiado por completo. “No tiene importancia nada. La satisfacción de vivir puede con todo, y más encima si puedes estar con tu familia. Yo estoy aquí por mi familia”.

A Ainhoa le ha enseñado a saber apreciar cada día que pasa, a querer a los suyos y a disfrutar de la vida. Dice que a veces no nos damos cuenta o no prestamos atención, pero que nos tenemos que fijar en los pequeños detalles.

“La clínica me ha dado la vida. 50% mi hija, 50% la clínica. Volví a nacer, y celebro todos los días que estoy vivo”, concluye el padre.

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