Historias

Ricardo de Alfonso: una rotura de menisco no le frenó para subir el Aconcagua

Ricardo de Alfonso: una rotura de menisco no le frenó para subir el Aconcagua
Desde pequeño empezó a experimentar alta montaña y descubrió su gran pasión. Este ingeniero de profesión sufrió la lesión a pocos días ascender al Aconcagua

Frecuentando una casa familiar en la Pedriza, al norte de Madrid, cuando tenía pocos años, Ricardo de Alfonso se enamoró de la alta montaña. “Viendo alpinistas que se colgaban de paredes imposibles, terminé por imitarles”, afirma. Hace once años, haciendo una expedición por el Atlas marroquí, subió el M’Goun (4.071 metros) y descubrió su verdadera pasión.

“Subir una montaña siempre es una cuestión que tiene una parte de sentimiento, esa parte es la emoción de la montaña. La pasión es lo que compensa los esfuerzos físicos o los hipotéticos sin sabores que puedas tener en este tipo de deporte” relata Ricardo. El temor de cualquier montañero es sufrir una lesión en altura, donde la atención médica tarda en llegar más de lo deseado.

Una lesión en el menisco interno

Mientras se preparaba para subir el Aconcagua (Argentina) sintió un chasquido en las rodillas y descubrió que tenía el menisco roto. En ese momento se dio cuenta de que no iba a poder ascender la montaña ya que el que ocurra algo a 7.000 kilómetros de altura es un hándicap y, como bien dijo Ricardo de Alfonso “es mejor pecar de prudente que de aventurado”.

Sufrió una lesión longitudinal de cuerno posterior que involucraba parte del menisco interno de la rodilla izquierda., lo que limitaba su actividad en la alta montaña. Tras el fracaso de un tratamiento conservador y con la idea de que Ricardo pudiese recuperar las condiciones para el deporte alpino, el doctor José María Silberberg, director del Departamento de Traumatología de la Clínica Universidad de Navarra decidió operar.

El Aconcagua era la meta de Ricardo de Alfonso

Silberberg, le realizó una artroscopia con meniscectomaria parcial interna. “No había otra opción: era operar u operar”, asumió el madrileño. Pero Ricardo, fiel a su pasión por la montaña, no arrojó la toalla y retomó su sueño truncado. Así, gracias al trabajo de los especialistas, recuperó en un corto plazo de tiempo las condiciones físicas que necesitaba para la expedición.

A tres semanas de coger el avión, sufrió un leve impacto en el cartílago de la otra rodilla. Tras llamar al doctor y afirmar que no fue nada grave, este le dijo: “Vete, sube y tráeme una foto”. Lo consiguió.

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