Historias

Kieran Behan: La insistencia de un sueño

Kieran Behan

Primero un tumor en el muslo y después un golpe en la nuca estuvieron a punto de dejar a Kieran Behan en silla de ruedas. Sin embargo, ha logrado participar en dos Juegos Olímpicos

Con sólo seis años Kieran Behan se enamoró de la gimnasia artística. Fue viendo los Juegos Olímpicos por televisión, y se imaginó a él mismo haciendo esas piruetas. Con ocho años comenzó a practicarlo y ya en ese momento el deporte se convirtió en su gran pasión, y representar a Irlanda -aunque él había nacido en Irlanda-  en los Juegos Olímpicos se convirtió en su sueño. Sin embargo, jamás se podría imaginar todos los obstáculos que se encontraría en su camino.

Hasta dos veces los médicos le dijeron que no volvería a caminar, por dos razones diferente. Cuando sólo tenía diez años le localizaron un tumor en el muslo del tamaño de una pelota de golf. Aunque era benigno, durante la operación el nervio quedó dañado, limitando tremendamente su sensibilidad a la vez que cualquier contusión le causaba un gran dolor.

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A la imposibilidad de moverse con normalidad tuvo que soportar el maltrato por parte de otros niños en el colegio, que se referían a él como lisiado. Los médicos aseguraban que podía no recuperarse nunca, y que es posible que tuviera que vivir en una silla de ruedas. Tardó quince meses, pero volvió a los gimnasios.

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Sin embargo, sólo ocho meses después de volver a los entrenamientos, Kieran sufrió un nuevo revés. Durante un ejercicio se golpeó la nuca con una barra metálica y quedó inconsciente. Sufrió un traumatismo craneoencefálico y graves daños en el canal vestibular del oído interno, lo cual le afectaba al equilibrio y le causaba desmayos.

De nuevo, los médicos pensaron que no volvería a caminar. Su madre llegó a dejar su trabajo para cuidar de él, y tras mucho sufrimiento, esfuerzo y centenares de horas de fisioterapia, Kieran recuperó la coordinación motora, y no contento con caminar, volvió a practicar gimnasia.

Más obstáculos hacia los Juegos Olímpicos

Recuperado el control de su cuerpo, todavía tendría que sufrir en su sueño olímpico. Incluso tuvo que limpiar el suelo del gimnasio para poder pagarse el entrenamiento, mientras que sus padres tuvieron que ponerse a lavar coches en sus ratos libres.

Kieran se rompió el brazo y la muñeca. Tantas lesiones que en el hospital llegaron a pensar que el joven sufría abusos físicos por parte de sus padres. Una rotura del ligamento cruzado de la rodilla le tuvo seis meses sin entrenar. Esta lesión le impidió participar en el que iba a ser su debut profesional en los campeonatos de Europa. A punto estuvo de abandonar su sueño, pero persistió.

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En 2011, con 22 años, tuvo su primer éxito: tres medallas en la Challenge World Cup, incluyendo la primera en el ejercicio de suelo para Irlanda. Sólo un año después lograría el pasaporte para los Juegos Olímpicos de Londres, siendo el segundo gimnasta irlandés en lograrlo, una cita que repetiría en 2016 con su participación en Río de Janeiro.

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