Historias

Janine Shepherd: Nunca me digas nunca

Un accidente truncó una prometedora carrera como deportista. Sin embargo no le impidió a Janine Shepherd desafiar todas las predicciones médicas

Antes del accidente, Janine Shepherd estaba llamada a tener un lugar privilegiado en la historia del deporte australiano, siendo una seria candidata a convertirse en la primera medallista olímpica del país en los juegos que se debían celebrar en Calgary en 1988.

Pero todo cambió en 1986, cuando tenía 24. Durante un entrenamiento fue atropellada por un camión mientras ella iba en bicicleta. Su cuello y espalda sufrieron fracturas en seis puntos distintos. La clavícula, cinco costillas y el brazo izquierdo también estaban rotos, y la pierna derecha estaba abierta de par en par. Sufría laceraciones en severas en toda la zona abdominal y tenía importantes heridas internas. Perdió cinco litros de sangre.

Visitando “el otro lado”

Los médicos le dijeron que no sólo no podría volver a esquiar, sino que tampoco podría volver a andar, ni tener hijos. De hecho, tampoco estaban seguros que pudiera sobrevivir a sus heridas.

“Me dijeron que si sobreviví fue gracias a que estaba en un excelente estado físico. Tal vez todo lo que había hecho hasta entonces era prepararme para sobrevivir al accidente”, explica. Janine sabe que estuvo muy cerca de la muerte. “Me costaba estar conectada con este mundo, se que fui al otro lado y volví. Creo que todo lo que me mantuvo aquí fue el hecho de que mi padre estaba sentado a mi lado, cogiéndome la mano”.

Una recuperación milagrosa

Pero para Janine sobrevivir no fue suficiente, quiso desafiar todas las predicciones médicas. Los médicos le dijeron que nunca volvería a andar. Lo volvió a hacer. Los médicos le dijeron que no podría volver a tener hijos. Tiene tres. Además, logró sacarse el título de piloto privado y de piloto comercial, además de el de instructora de vuelo. Escribió un libro sobre su recuperación: Nunca me diga nunca.

El accidente le impidió luchar por las medallas en los Juegos Olímpicos de Calgary, pero fue la abanderada australiana en los Paralímpicos de Sydney en el 2000, donde participó en la categoría de Doma Clásica, a pesar del dolor crónico de espalda que sufre.

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