Historias

Gabriel Gorce: Cuando el descenso no es a ciegas

Gabriel Gorce

Prácticamente ciego desde pequeño debido a un glaucoma, Gabriel Gorce logró junto a su guía Arnau Ferrer una medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Sochi

Descender a toda velocidad por una pista sin ver qué es lo que tienes delante no es algo fácil. Necesitas no sólo una gran confianza en tus capacidades, sino también en la persona que te guía. Hace falta un vínculo estrecho entre guía y guiado para lograr éxitos olímpicos, y ese es precisamente el vínculo que hay entre Gabriel Gorce y Arnau Ferrer.

Gabriel es invidente, de nacimiento debido a un glaucoma, quedándose con apenas un 10% de visión. Pero eso nunca le ha frenado en la vida, y en muchas ocasiones quienes le rodean no se dan cuenta de su discapacidad. “Yo puedo hacer de todo como cualquier otra persona, aunque depende de lo que haga puedo tener determinados trucos o guías”, explica.

Gabriel Gorce, al esquí de rebote

“A mi el esquí me viene un poco de rebote. Yo estaba afiliado a la ONCE, y mi entrenador de atletismo me avisó de que había un grupo que hacía salidas de esquí lúdicas, y me dijo ‘ve allí’ y fui”, recuerda. “Entonces tenía 11 años y de repente me encontré con que llevaba cuatro o cinco años haciendo salidas y casi compitiendo”.

Después de nueve guías distintos, Gabriel conoció a Arnau Ferrer. Con él ha logrado sus mayores éxitos. Sin embargo, al contrario de lo que se suele contar en estos casos, los inicios no fueron fáciles. Sin embargo, con el tiempo la compenetración ha sido magnífica. “Solo viendo la forma en la que se mueve Arnau, sus gestos o la forma en la que coloca el cuerpo ya soy capaz de anticipar cosas”, explica Gabriel.

Juntos, en la victoria y en la derrota

“Somos un equipo, la victoria es de los dos y la derrota es de los dos”, apunta Arnau. Gabriel profundiza más: “Yo sin él no tendría sentido. El me guía, pero soy yo quien enciende y para el cronómetro“. Este trabajo de equipo tuvo su punto álgido en los Juegos Paralímpicos de Sochi, cuando lograron la medalla de bronce.

Gabriel tiene más ambiciones más allá del esquí y ya piensa en el momento en el que tenga que dejar el deporte: piensa dedicarse a la música. “Tuve mi primer contacto con la música a los siete años a través de mis padres, que me apuntaron a solfeo y piano”, cuenta. “Ahora estoy intentando hacer una carrera paralela, y aunque sigo esquiando ya estoy preparando los cimientos de la carrera artística, y ya tengo mis canciones”.

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