Historias

Damian López: el ciclista sin rostro ni miedo

Damián López

Con 13 años una descarga eléctrica le dejó sin brazos y desfigurado. Ahora, con 40 años, Damián López ya acumula dos participaciones en los Juegos Paralímpicos

Desde pequeño Damián López tuvo dos grandes pasiones: la bicicleta y las cometas. El 6 de noviembre de 1989, cuando él tenía 13 años, paseando por su Habana natal, vio una cometa enredada entre unos cables eléctricos y no pudo resistirse, quiso desenredarla. Recibió una descarga de 13.000.

Milagrosamente sobrevivió, pero le dejaría marcado para siempre. La parte superior de su cuerpo sufrió graves quemaduras que obligaron a los médicos a amputarle ambos brazos a la altura del codo, y su rostro quedó desfigurado. Damián pasó cuatro meses en coma, y tardó casi un año en salir del hospital. “Oía a la gente que decía que no saldría. Y salí”, explica.

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Damián López: volviendo a aprender a ir en bicicleta

Apenas logró estar lo suficientemente recuperado como para caminar, Damián decidió volver a subirse a una bicicleta. Pedía a sus amigos que se la prestaran. “Mi madre tuvo que pedir a mis amigos que no me dejaran más bicicletas, que me iba a matar”, explica Damián. Pero él persistió.

“Me gusta la ruta, manejo mejor que muchos que están enteros”. Damián tuvo que volver a aprender a ir en bicicleta, utilizando los codos en vez de las manos para controlar el manillar adaptado desde el que puede activar el freno y el cambio de marcha.

Un ciclista sin miedo

De pequeño participó en carreras infantiles y soñaba con representar a su país en los Juegos Olímpicos. Ese sueño se cumplió en Londres 2012, y repitió experiencia en Río de Janeiro en 2016, donde terminó en el puesto decimosegundo en la prueba de contrarreloj, con un tiempo de 43 minutos y 43,13 segundos.

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Pese a las consecuencias del accidente, Damián no ha dejado que el miedo domine su vida. “Desde que era niño me resistía a oír a la gente que me decía ‘no puedes hacerlo'”, cuenta. En la entrada de su cuarto cuelga un cartel que reza “Cuidado, peligro de electrocución”. Se lo trajo un amigo para molestarle, pero cuenta que “me hizo gracia, se ilumina de noche”. Una muestra de cómo ha logrado conquistar sus miedos.

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